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La mortalidad por embolia pulmonar ha disminuido en los últimos años, según indica un estudio del grupo RIETE publicado recientemente en el Journal of the American College of Cardiology. Un artículo que Valentí Fuster, cardiólogo del hospital Mount Sinai de Nueva York, responsable del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y redactor jefe de la publicación, considera “excelente”.

El estudio, dirigido por el doctor David Jiménez, neumólogo del hospital Ramón y Cajal de Madrid, analiza la evolución de 23.858 pacientes con embolia pulmonar de varios países del registro internacional RIETE (Registro Informatizado de Pacientes con Enfermedad TromboEmbólica) entre 2001 y 2013. El artículo concluye que durante estos 12 años la mortalidad de estos enfermos tras el primer mes ha pasado del 6,6% entre 2001 y 2005 al 4,9% entre 2010 y 2013.

Y no solo esto, sino que también han disminuido los días de hospitalización (de 13,6 días a 9,3), la repetición de nuevos episodios de la enfermedad (del 1,1% al 0,6%) y las hemorragias derivadas del tratamiento (del 4% al 2,8%).

“Mejoran todos los indicadores de la embolia pulmonar analizados”, indica Manuel Monreal, jefe de sección de Medicina Interna del hospital Germans Trias i Pujol (Barcelona) y supervisor del estudio, “lo que significa que tenemos un mayor y mejor conocimiento de la enfermedad”. De los 23.858 pacientes con embolia pulmonar analizados el 46% son hombres y el 54% mujeres, con una edad media de 67 años. Un 22% del conjunto de enfermos además de la embolia pulmonar padece cáncer, uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad tromboembólica venosa (ETV). La inmovilización, otro de los factores de riesgo, está presente en el 23% de los casos; la cirugía en el 11% y antecedentes de ETV en el 14,5% de los pacientes.

“La gravedad de la embolia pulmonar no se ha modificado”, precisa el doctor Monreal, solo que ahora hemos aprendido a tratarla mejor”. Además de la experiencia clínica a ello también han contribuido los nuevos tratamientos anticoagulantes y un aumento de la administración de heparina de bajo peso molecular.